Los acuerdos de defensa suscritos con ocasión de la visita del mandatario francés sientan las bases para la construcción de cinco submarinos, uno de ellos de propulsión nuclear, y 50 helicópteros del modelo EC-725 de la empresa Eurocopter, filial del grupo europeo EADS, que en su totalidad serán adquiridos por Brasil.
Según los convenios, los buques y helicópteros serán construidos en Brasi, que obtendrá toda la tecnología, excepto la nuclear, y las fábricas que se emplazarán con ese fin serán responsables de las posibles y futuras ventas a otros países latinoamericanos. Toda esa operación, que se cumplirá en varias etapas que concluirán en el 2021, supondrá para Brasil un desembolso por unos US$12.317 millones, de los cuales cerca de US$9.000 millones serán destinados a la compra de los equipamientos militares. Esta negociación se cierra a diez días de la cumbre de Unasur en Bariloche, donde se discutió el tema de los desorbitados gastos bélicos en la región.
Mas Adquisiciones
Además, como parte del encuentro entre Lula y Sarkozy, Brasil anunció su decisión de iniciar negociaciones para la compra de 36 aviones de combate Rafale a la empresa francesa Dassault Aviation, El gobierno francés reveló que el costo de la operación sería de 5.000 millones de euros (7.285 millones de dólares) por el Rafale, aunque el gobierno brasileño ha dicho que el precio dependerá del avión escogido.
Lula apuntó que Brasil y Francia no negocian una simple asociación comercial, sino que aspiran a “crear, construir y vender mucho juntos”.
Durante su encuentro, Lula y Sarkozy también analizaron la Cumbre del G-20 que se celebrará en Pittsburgh (EE.UU.) a fines de setiembre del 2009 y reiteraron su posición en el sentido de que los organismos financieros internacionales deben ser renovados, a fin de dar más presencia, voz y voto a las economías emergentes.
El gobernante galo, quien llegó a la capital brasileña la noche del domingo 06 de setiembre y asistió el lunes junto con Lula a un desfile cívico-militar por el Día de la Independencia de Brasil, en el que por primera vez participaron soldados y aviones acrobáticos franceses.
En un comunicado conjunto de ambos Gobiernos, París y Brasilia al anunciar el inicio de las negociaciones para la adquisición por parte brasileña de 36 cazas de combate Rafale, Francia gana la batalla comercial frente a Suecia, que competía en la licitación brasileña con su modelo Gripen, fabricado por Saab, y Estados Unidos, que pretendía colocar varias unidades de su caza F/A18 Super Hornet, de Boeing. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, consiguió apuntalar la venta de sus aviones tras aceptar las exigencias de su homólogo brasileño sobre la transferencia de la tecnología necesaria para la fabricación en Brasil de los cazas. Este punto ha sido clave para que las negociaciones hayan llegado a buen puerto, ya que Brasil no quiere limitarse a una mera operación comercial y busca un valor añadido para su industria aeronáutica.
"Vamos a producir equipos que reforzarán la capacidad tecnológica de Brasil para proteger y fortalecer su riqueza natural", dijo Lula en clara referencia a los hallazgos petrolíferos descubiertos en una inmensa área de bolsas de crudo de excelente calidad que recorre las costas de los Estados de Espíritu Santo, Río de Janeiro y São Paulo, ya bautizada como presal. "Siempre debemos tener presente que el petróleo ha sido la causa de muchas guerras. Nosotros no queremos guerra ni conflictos", insistió.
El acuerdo de cooperación franco-brasileño supone el espaldarazo definitivo al programa de Lula para modernizar sus Fuerzas Armadas. El objetivo de Brasil es contar en 2020 con la mayor fuerza naval de Latinoamérica, equipada con submarinos, navíos de pequeño porte, corbetas, misiles de largo alcance, torpedos, aviones y helicópteros, todo ello de tecnología punta.
Para Brasil, estrechar los lazos con Francia también tiene una importancia trascendental, principalmente en su cruzada diplomática para obtener una silla en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
En un comunicado conjunto de ambos Gobiernos, París y Brasilia al anunciar el inicio de las negociaciones para la adquisición por parte brasileña de 36 cazas de combate Rafale, Francia gana la batalla comercial frente a Suecia, que competía en la licitación brasileña con su modelo Gripen, fabricado por Saab, y Estados Unidos, que pretendía colocar varias unidades de su caza F/A18 Super Hornet, de Boeing. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, consiguió apuntalar la venta de sus aviones tras aceptar las exigencias de su homólogo brasileño sobre la transferencia de la tecnología necesaria para la fabricación en Brasil de los cazas. Este punto ha sido clave para que las negociaciones hayan llegado a buen puerto, ya que Brasil no quiere limitarse a una mera operación comercial y busca un valor añadido para su industria aeronáutica.
Para Brasil, estrechar los lazos con Francia también tiene una importancia trascendental, principalmente en su cruzada diplomática para obtener una silla en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
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